Estoy enfadada con tu abuela, que es mi Mom, por metiche y alcahueta.
Yo sabía que tu y yo nos íbamos a encontrar algún día y siempre he fantaseado que de las tres (hubo un rey, que tenía tres hijas, las echó en tres botijas y las tiró río abajo) tú serías la que acabarías llamando a mi puerta preguntando qué pasó. La más pequeña de las tres, serías sin duda la valiente revolucionaria que no tendría las dudas de la mediana ni las lealtades de la mayor. Y yo te diría que se lo preguntaras a tu padre porque yo nunca supe qué pasó, que yo nunca había logrado entender por qué había separado mi camino del suyo y el de mi hija del de sus primas (hubo un rey, que tenía tres hijas, las echó en tres botijas y las tiró río abajo).
A tu otra abuela, la que se murió, que era mucho más pragmática que Mom o que yo, no le dolía la separación. Cuando tu padre se descolgó con los peros y los malos rollos y los o ella o yo, arbitró maneras de tenernos a los dos sin que nuestros caminos se cruzaran. Vosotras y tu padre los domingos. Elenita y yo el resto de la vida. Y cuando le preguntaban si este problema con los hijos la tenía destrozada respondía de todo corazón que no. Pero Mom y yo somos mucho más sentimentales y Mom, además, es muy alcahueta.
El sábado me llamó tu abuela a decirme que no ibais a ir. Que si por favor podría pasarme el domingo a recoger parte de las viandas que os había preparado y de las que ella no podría dar cuenta ni comiendo toda la semana. Y el domingo por la tarde en cuanto entré por la puerta me dijo que al final habíais llamado y que si ibais. Bueno, que tu si ibas, tus hermanas no (hubo un rey, que tenía tres hijas, las echó en tres botijas y las tiró río abajo). Y yo me puse en pie y cogí el bolso para irme. Los domingos no son mi día. Hace una década que los domingos no son mi día. Tú no has cumplido una década así que desde antes de que tú nacieras ya se había instaurado que los domingos no eran mi día. Y ando nerviosa y como pillada en falta si rondo las casas de tus abuelas en domingo. Y me quise ir. Y tu abuela, mi Mom, me retuvo. Me entretuvo. Me preguntó, me contó, me habló, hasta que oí tu voz de niña en el portal.
“Ya están aquí” digo y le explico a Mom el plan: “Yo me meto en el estudio y ella y tu cruzáis hasta el piso del desafecto y entonces yo salgo y me voy a mi casa”. “No”, me dice la alcahueta de tu abuela, “tu te quedas aquí” y en cuanto suena el timbre corre (qué eufemismo) a abrirte la puerta. Yo me meto en el estudio, con el corazón en la boca y tú, en cuanto te abren la puerta del piso, te metes hasta el fondo. Y tu abuela detrás gritándome “Oye rica ¿dónde te has metido?” Y te trae hasta el estudio donde yo disimulo mirando sin ver los libros de las estanterías. Y me vuelvo y te digo como sorprendida “¡hola ¿Qué tal?! Soy Farala” y tu me das un beso cortada y emocionada. Y creo leer en tus ojos una mirada de triunfo, radiante, la mirada de una niña que está pensando “ya verás cuando se lo diga a mis hermanas, ¡que la he visto! ¡que yo la he visto y ellas no!” Pero en seguida me ataca la duda de que ni siquiera sepas quién soy. No se si habrás oído hablar de mi, si te parecerá extraño que me llame igual que tu abuela, que me parezca tanto a la que se murió. Y Mom pregunta, ambigua y orgullosa “¿has visto que guapa es?” y las dos nos creemos que nos lo preguntan de la otra (obviamente la pregunta era para mi) y contestamos mirándonos sorprendidas “si, si, muy guapa”. Y añado para que no quepa lugar a dudas “Y muy alta ¿no?”
“Ya están aquí” digo y le explico a Mom el plan: “Yo me meto en el estudio y ella y tu cruzáis hasta el piso del desafecto y entonces yo salgo y me voy a mi casa”. “No”, me dice la alcahueta de tu abuela, “tu te quedas aquí” y en cuanto suena el timbre corre (qué eufemismo) a abrirte la puerta. Yo me meto en el estudio, con el corazón en la boca y tú, en cuanto te abren la puerta del piso, te metes hasta el fondo. Y tu abuela detrás gritándome “Oye rica ¿dónde te has metido?” Y te trae hasta el estudio donde yo disimulo mirando sin ver los libros de las estanterías. Y me vuelvo y te digo como sorprendida “¡hola ¿Qué tal?! Soy Farala” y tu me das un beso cortada y emocionada. Y creo leer en tus ojos una mirada de triunfo, radiante, la mirada de una niña que está pensando “ya verás cuando se lo diga a mis hermanas, ¡que la he visto! ¡que yo la he visto y ellas no!” Pero en seguida me ataca la duda de que ni siquiera sepas quién soy. No se si habrás oído hablar de mi, si te parecerá extraño que me llame igual que tu abuela, que me parezca tanto a la que se murió. Y Mom pregunta, ambigua y orgullosa “¿has visto que guapa es?” y las dos nos creemos que nos lo preguntan de la otra (obviamente la pregunta era para mi) y contestamos mirándonos sorprendidas “si, si, muy guapa”. Y añado para que no quepa lugar a dudas “Y muy alta ¿no?”
Y según lo digo pienso que vaya pedazo de frase hecha de señora de visita que te acabo de lanzar. Y tú me contestas que no eres de las más altas de tu clase. Y yo te digo que tengo una niña un par de años mayor que tu y que me parece que andáis ahí-ahí. Y a la mención de mi niña se nos abre un silencio incómodo y te pregunto dónde has dejado a tu padre (hubo un rey, que tenía tres hijas, las echó en tres botijas y las tiró río abajo) y mientras me contestas que “enfrente, en casa de los abuelos” yo me doy cuenta de que hablando de mi hija y tu padre no hago más que tirar hilos por doquier con la esperanza de que sean rojos. Me pongo el abrigo amarillo y veo que se te llenan los ojos con él. Y me sorprende lo impresionable que eres. “Me voy”, digo. Y Mom me pregunta si no paso enfrente, a saludar. Y yo digo con voz de sorna “no, que el abuelo es muy pesao, ¿a que si, que es muy pesao?” Y tu te cortas y miras al suelo mientras musitas con media sonrisa: “un poco”. Y me voy y os dejo en la puerta diciéndome adiós.
Y me voy enfadada con tu abuela por metiche y alcahueta.
"Con la mejor voluntad" de remendar redes que se rompieron. Una situación embarazosa, aunque creo que mereció la pena, aunque sea por ver lo impresionable que es y escuchar su voz.
ResponderSuprimirDeduzco, por lo que he entendido, que para ella va a ser un domingo inolvidable. Sólo por eso merece la pena la alcahuetería de tu Mom.
ResponderSuprimirAinssss.... Un beso Farala, estas redes familiares y sus descosidos...cómo duelen. Que tu Mom crea en los remiendos es importante.
ResponderSuprimirBesos.Lenteja
jo, pues vas y me emocionas y estoy en el curro..
ResponderSuprimiryo también tengo una sobrina, nos quisimos mucho, incluso creo que me quiso más que a su propia madre porque yo la cuidé (ya ves tú como es la vida), casi sus dos primeros años (es lo que tiene ser la tía soltera que no tenía curro y que casi no salía)
tambén soy su madrina...
pero... reconozco que he sido tan mala madrina como tú... desde que me vine a MAdrid...
a veces pienso qué pensará ella de mí (tiene diez años ahora) y si pensará que soy la tía enrollada de Madrid y si soñará (como soñaba yo) con venirse a estudiar a Madrid de mayor (dicen que ha salido lista)
si ese día pasa, si me dice que quiere venirse a Madrid a estudiar a casa de su tía de Madrid...
creo que voy a morirme de gusto...
ups, menudo post...te he puesto... ya se me ha pasado la emoción (menos mal)
A mí mi madre siempre me contaba de pequeña eso de: "Había un rey que tenía tres hijas y las metió en tres botijas y las tapó con pez, ¿quieres que te lo cuente otra vez?" y da igual que dijeras que sí o que no, que volvía con: "Yo no te digo ni que sí ni que no, sólo que había un rey que tenía tres hijas..." Me cabreaba!!!! Pero ahora lo guardo con cariño en el rincón de los recuerdos :)
ResponderSuprimirPues mira tú que para ella ha sido un día de no olvidar y de contar mil veces, y Mom me cae muy requetebien a pesar de la encerrona. A veces la vida se las arregla para acercar un polo con otro por muy difícil que parezca.
ResponderSuprimirSi esto que cuentas se lo hubiera contado a mi abuela, hubiera dicho que la que se fue anda trabajando por ahí.
Besucos
Me he perdido en esa red de rotos y descosidos, hilos rojos y deshilaches de familia desavenida y re-avenida. Lo que sí me queda claro es que tu enfado con Mom es lógico, o al menos comprensible, y que en el enfado mismo reside tu perdón, o al menos parte de él. También entiendo que el nudo gordiano de los descosidos está el desafecto, que queda justamente al margen de tu compasión. ¿Mal trago necesario para un guiño sarcástico a tu sobrina "recovered"? Creo que sí, eres buena "tía" (en ambos sentidos) ;-)
ResponderSuprimirYa decía una amiga mía que los domingos son para estar tirada en casa con tu novia tomando un colacao
ResponderSuprimirBueno, después de leer 5 veces el post creo que lo he entendido... siempre me apena cuando las familias rompen sus lazos por nada en especial.Ojalá este domingo sea el principio de una nueva relación con tu sobrina, no será domingo perdido
ResponderSuprimirYo también creo que mereció la pena. Solo por verla y descubrirla, y por regalarle un domingo inolvidable. Arriba la alcahuetería de Mom! :-) Un abrazo, Farala
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